La invisibilidad en el diagnóstico de "TEA" en mujeres
- Centro Rumbos

- 25 ago 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 22 ago 2025
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) en mujeres ha ganado mayor visibilidad en los últimos años, ya que durante mucho tiempo estuvo subdiagnosticado y, en muchos casos, malentendido. Históricamente, se pensaba que el TEA afectaba predominantemente a hombres, lo que llevó a que los criterios diagnósticos se alinearan más con la manera en que se manifiesta en ellos, dejando de lado las diferencias en su presentación en mujeres.
En mujeres, el TEA puede manifestarse de formas más sutiles, lo que dificulta su detección temprana. A menudo, las mujeres en el espectro autista desarrollan habilidades de camuflaje, es decir, imitan comportamientos sociales para encajar, lo que puede hacer que sus desafíos pasen desapercibidos. Esta capacidad de adaptación, aunque puede ser útil a corto plazo, puede conllevar una carga emocional significativa, provocando sentimientos de agotamiento, ansiedad y baja autoestima.
Algunas características del TEA en mujeres incluyen una fuerte atención al detalle, intereses intensos y específicos, y una profunda sensibilidad emocional, que a veces se confunde con trastornos de ansiedad o depresión. También es común que las mujeres con TEA tengan dificultades para entender y seguir las normas sociales no escritas, lo que puede ocasionar malentendidos en sus relaciones.
El reconocimiento y la comprensión de estas diferencias son cruciales para ofrecer el apoyo adecuado. Las mujeres con TEA se benefician enormemente de entornos que valoran la diversidad neurodivergente y que les proporcionan las herramientas y el acompañamiento necesarios para desarrollar todo su potencial, sin la presión de encajar en moldes sociales rígidos.
Es importante seguir avanzando en la investigación y sensibilización sobre el TEA en mujeres, para asegurar que más personas reciban un diagnóstico temprano y el apoyo adecuado, contribuyendo así a una mejor calidad de vida y bienestar emocional.
En los últimos años, la prevalencia del TEA ha aumentado considerablemente, en parte debido a mejoras en los métodos de detección y a modificaciones en las definiciones diagnósticas. Este incremento ha revelado una disparidad de género significativa en los diagnósticos, con una proporción que varía desde 1,4 hombres por cada mujer diagnosticada hasta 15,7 hombres por cada mujer, según diversos estudios. Esta diferencia sugiere que un número mucho mayor de varones recibe el diagnóstico en comparación con mujeres, lo cual puede estar relacionado con distintos factores, como diferencias en las manifestaciones sintomáticas del trastorno según el género. Otra razón muy relevante es el sesgo de género, ya que las técnicas de evaluación han sido diseñadas pensando en hombres y no resultan efectivas para detectar TEA en mujeres.
Por otro lado, muchas mujeres, especialmente aquellas con alta capacidad cognitiva, suelen ocultar o compensar sus dificultades, lo que les permite no dar señales evidentes de problemas en la comunicación e interacción social.
A menudo se observa un fenómeno conocido como camuflaje, lo que contribuye a la subdiagnosticación. Como señala Víctor Ruggieri: “El esfuerzo involucrado en el camuflaje contribuye a la ansiedad y la depresión” (2020, p. 14). Además, Montagut y otros autores explican que “el sesgo de género en la identificación de los rasgos del TEA se basa en la idea de que socialmente mantenemos una serie de expectativas sobre cómo se relacionan las niñas, con concepciones como que su juego es más tranquilo o que tienden a ser más tímidas. De este modo, las niñas con rasgos autísticos y potencialmente diagnosticables tienden a pasar desapercibidas para los profesionales porque cumplen estas expectativas” (Montagut, et al., 2018, pp. 43-44).
Las consecuencias de un diagnóstico tardío o erróneo son graves. Muchas mujeres con TEA no diagnosticadas correctamente pueden recibir diagnósticos de otros trastornos de salud mental, como ansiedad o depresión, que son manifestaciones secundarias del autismo no reconocido. Ruggieri menciona que “las personas con autismo tienen cuatro veces más posibilidades de desarrollar depresión que la población general, considerándose la afección de salud mental más común entre ellas” (2020, p.13). Además, la falta de un diagnóstico preciso puede aumentar el riesgo de suicidio. Según Ruggieri, "desde 2013 en adelante, el índice de suicidio en autistas aumentó significativamente, siendo tres veces más alto que en los no autistas, con predominio en mujeres. Las edades de suicidio oscilaron entre 14 y 70 años, y la media fue de 32 años" (2020, p. 15). Estos datos subrayan la importancia de diagnósticos tempranos y precisos para disminuir los riesgos asociados al TEA.
Sabemos que el proceso de diagnóstico enfrenta barreras económicas, ya que es costoso y no existe legislación que garantice el acceso y la cobertura del diagnóstico para personas adultas. Además, la falta de profesionales especializados con conocimientos actualizados sobre el sesgo de género y una comprensión profunda del TEA es una barrera significativa, especialmente en regiones extremas del país.
Finalmente, el estigma social hacia el diagnóstico de TEA y el temor a confirmar sospechas, debido a la falta de comprensión en la sociedad y entre los profesionales, también dificultan el proceso. Avanzar en la aceptación de la diversidad y mejorar la comprensión del TEA en la sociedad es crucial para prevenir problemas de autoestima, sobreexigencia y autoconcepto en personas con este trastorno, y para mejorar sus habilidades sociales y comunicativas.


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