Psicoeducación parental: un apoyo fundamental para la crianza
- Centro Rumbos

- 24 may 2020
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Actualizado: 12 ene

"El rol del padre y de la madre adquiere especial relevancia en el ejercicio de la crianza y de la parentalidad "(Vargas-Rubilar et al., 2017)
Ser padres es una tarea compleja y exigente, más aún en los tiempos actuales, donde las nuevas generaciones se encuentran expuestas a altos niveles de sobreestimulación y donde existe un mayor conocimiento sobre el desarrollo psicológico y las necesidades emocionales de niños, niñas y adolescentes. Las demandas que enfrentan los padres hoy suelen ser abrumadoras, ya que se espera que cuenten con herramientas, información y competencias que anteriormente no eran consideradas necesarias.
Sabemos que la familia cumple un rol fundamental en el desarrollo del ser humano, constituyéndose como el principal contexto de crianza y educación, desde el cual se promueve el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social de sus integrantes (Muñoz, 2005; Vargas-Rubilar, Lemos y Richaud, 2017). Es en el contexto familiar donde se establecen las primeras experiencias relacionales significativas, las cuales influyen de manera decisiva en el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.
Y por otro lado, el mundo se encuentra en constante transformación, y las personas no somos las mismas que hace algunas décadas. La infancia ha cambiado y, junto con ella, también se ha transformado la manera de ejercer la parentalidad. En este contexto, resulta cada vez más frecuente que madres y padres busquen orientación, herramientas y conocimientos prácticos y teóricos que les permitan abordar de forma adecuada los desafíos propios de la crianza de los hijos.
El proceso de acceder a un acompañamiento informado y sistemático se denomina psicoeducación parental, y tiene como objetivo facilitar y fortalecer la labor de los padres a lo largo de las distintas etapas del desarrollo infantil y adolescente. Este tipo de intervención contribuye a la prevención de conflictos que exceden lo esperable para cada etapa evolutiva y que podrían poner en riesgo la estabilidad emocional y el bienestar psicoemocional de niños, niñas y adolescentes (Sanders, 2012).
La familia es, además, el espacio donde se desarrollan las primeras relaciones vinculares o de apego, las cuales resultan fundamentales para la construcción de la seguridad emocional (Valdés, 2007). En este sentido, el rol del padre y de la madre adquiere especial relevancia en el ejercicio de la crianza y de la parentalidad (Vargas-Rubilar et al., 2017). La parentalidad implica múltiples factores, entre ellos la sensibilidad parental, la capacidad de responder de manera oportuna y adecuada a las necesidades de los hijos, la aceptación incondicional y la expresión de afecto apropiado (Barudy y Dantagnan, 2010; Cirillo, 2013).

Desde el enfoque de la parentalidad positiva, se destacan principios básicos como la estimulación y el apoyo, el reconocimiento del niño o adolescente como sujeto de derechos, la generación de entornos estructurados y predecibles, la educación libre de violencia y el fortalecimiento de los vínculos afectivos (Capano y Ubach, 2013). Los vínculos afectivos se manifiestan en la unión que se establece entre padres e hijos, y se expresan en las tareas de cuidado, educación, comunicación, establecimiento de normas y provisión de seguridad emocional (Pérez y Arrázola, 2013).
El vínculo de apego favorece el desarrollo de sentimientos de confianza y seguridad, fundamentales para que el niño o la niña pueda explorar su entorno, tolerar separaciones breves con sus cuidadores y construir modelos internos de relaciones sociales y afectivas que influirán en sus vínculos posteriores (Muñoz, 2005). Por consiguiente, una parentalidad adecuada se orienta a fortalecer las competencias parentales, promoviendo el desarrollo de una personalidad sana y una autoestima positiva en los hijos (Vargas y Oros, 2011).
Las competencias parentales se definen como el conjunto de capacidades, habilidades, conocimientos, actitudes y prácticas que poseen los padres, madres o cuidadores para responder de manera adecuada a las necesidades afectivas, cognitivas, comunicacionales y conductuales de sus hijos en el contexto familiar. Su finalidad es garantizar el cuidado, la protección, la educación y el desarrollo óptimo de niños y niñas (Barudy y Dantagnan, 2009; Rodrigo, Martín, Cabrera y Máiquez, 2009; Martínez et al., 2013). En esta misma línea, Gómez y Contreras (2019) señalan que las competencias parentales permiten acompañar, proteger el desarrollo y promover el bienestar de los hijos, asegurando el pleno ejercicio de sus derechos.
Cuando existen dificultades o fallas en el ejercicio de estas competencias parentales, pueden aparecer déficits en la formación de vínculos afectivos seguros y en el desarrollo de conductas de apego saludables (Bowlby, 1986). Las incompetencias parentales suelen manifestarse en pautas de crianza caracterizadas por la ausencia emocional del adulto, la incomprensión de las necesidades de los hijos, respuestas inconsistentes, inestables o impredecibles, lo que impacta negativamente en el desarrollo emocional del niño o adolescente (Ara, 2015).
Estas dificultades parentales se asocian, en muchos casos, a situaciones de negligencia, malos tratos y violencia, expresadas en cuidados inadecuados y prácticas disciplinarias violentas, que pueden generar una escalada de violencia familiar y exponer al niño o adolescente a un desarrollo nocivo y desfavorable (Febbraio, 2015; Acevedo, De León y Delgadillo, 2016).
En este escenario, la psicoeducación parental se presenta como una herramienta preventiva y terapéutica fundamental, orientada a fortalecer las competencias parentales, promover prácticas de crianza saludables y favorecer el bienestar emocional de los hijos y el funcionamiento familiar.
Referencias
Acevedo, V., De León, B., & Delgadillo, L. (2016). Violencia familiar y desarrollo infantil. Revista de Psicología, 34(2), 45–60.
Ara, S. (2015). Prácticas parentales y desarrollo socioemocional infantil. Psicología y Familia, 7(1), 23–38.
Barudy, J., & Dantagnan, M. (2009). Los buenos tratos a la infancia. Gedisa.
Barudy, J., & Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Gedisa.
Bowlby, J. (1986). Vínculos afectivos: Formación, desarrollo y pérdida. Morata.
Capano, A., & Ubach, A. (2013). Parentalidad positiva: fundamentos y prácticas. Revista Latinoamericana de Psicología, 45(3), 353–365.
Cirillo, S. (2013). La familia maltratante. Paidós.
Gómez, E., & Contreras, L. (2019). Competencias parentales y bienestar infantil. Revista de Estudios Familiares, 11(2), 67–82.
Martínez, R., Robles, S., Van, M., Zarza, R., & Villafaña, L. (2013). Competencias parentales y desarrollo infantil. Psicología Iberoamericana, 21(1), 15–28.
Muñoz, A. (2005). Familia y desarrollo humano. Revista de Educación, 337, 23–44.
Pérez, M., & Arrázola, L. (2013). Vínculos afectivos y parentalidad. Revista de Psicología Social, 28(1), 89–102.
Rodrigo, M. J., Martín, J. C., Cabrera, E., & Máiquez, M. L. (2009). Las competencias parentales. Pirámide.
Sanders, M. R. (2012). Development, evaluation, and multinational dissemination of the Triple P-Positive Parenting Program. Annual Review of Clinical Psychology, 8, 345–379.
Valdés, M. (2007). Apego y desarrollo emocional. Psicología y Salud, 17(2), 211–220.
Vargas-Rubilar, J., Lemos, V., & Richaud, M. (2017). Parentalidad y desarrollo infantil. Interdisciplinaria, 34(2), 311–326.
Vargas, J., & Oros, L. (2011). Autoestima y competencias parentales. Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento, 3(2), 45–55.


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